Un poco de los límites de ser humano.

Leyendo un poco sobre fisiología, anatomía y física (qué me mandó a leer esto, no sé...), encontré esta nota, que aunque es un poco vieja, no pierde actualidad.

Estudiando un poco de los límites del Ser humano, y más específicamente, sobre la velocidad máxima a la que podría llegar a moverse una persona, no podemos obviar al recordman jamaiquino y figura sobresaliente de la historia de ésta especialidad, Usain Bolt.

A modo de introducción en este gráfico comparativo entre los 200 metros que corrió en Pekín y con su última carrera en el Mundial de atletismo de Berlín, tenemos alguna de sus características y claves por las cuales es lo que es.

compa1

Otra comparativa. Esta vez de los 100 metros.

compa2

La carrera del record de los 9s58/100 en HQ


Estas dos fotos (click para ver más grande)


bol1



bol2

Nótese el detalle en la zapatilla: "Who is Faster?" (Quien es el más rápido?) y la banderita de Jamaica.

¿Es posible establecer los límites del hombre?

“El juego sigue”, anunció el domingo Usain Bolt inmediatamente después de haber llevado a 9,58 segundos el récord mundial de los 100 metros llanos, registro que lo confirma como el hombre más veloz de la historia entre quienes se movilizan por cuenta propia. El jamaiquino dice, en otras palabras, que nada es para siempre. Será él, u otro, más temprano, más tarde, quien volverá a conmovernos. Es bueno esto de no perder la capacidad de asombro, de mantenernos vivos.

Una década atrás, un deportólogo californiano, experto en biomecánica, llamado Gideon Ariel, afirmó que existen límites concretos para la capacidad humana en cuanto al uso de sus recursos físicos. Según él, una especie de Francis Fukuyama del atletismo, en aquel entonces asistíamos al fin de la historia. Con ese razonamiento, fijó el tope para los 100 metros en 9 segundos y 75 centésimas. Palabra más, palabra menos, dijo que más allá de lo lógico en materia de velocidad cabía la posibilidad de que estallaran los huesos, que no había estructura ósea factible de sobrellevar un cuerpo de 70/ 80 kilos lanzado a casi 40 kilómetros horarios alzado sobre sus propias piernas. En rigor, hubo un estallido, pero no de huesos sino de sus pronósticos. Los velocistas de principios de este siglo llegaron a los 9,75 segundos y siguieron de largo, no se mostraron dispuestos a detenerse. No vieron el semáforo. Todos sobrevivieron con el chasis intacto. Incluso, ahí andan algunos todavía deslizándose sobre las pistas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada